El cura relojero de Ladrido

Fué don Francisco Javier Méndez y Neira de Saavedra, además de dueño de tan largo nombre, un sencillo cura de aldea, que vivió en las galaicas tierras durante la segunda mitad del siglo XVIII. Pero fue un cura muy particular que merece figurar en cabeza entre los mejores relojeros de España, pues pocos, en efecto, de nuestros relojeros le han conseguido igualar en número de obras construidas ó superado en perfeccionamientos técnicos.
Don Francisco Javier había nacido en un pequeño lugar, Santa María de Ramil, y según consta en su partida de bautismo se produjo el mismo día 9 de Enero de 1744, hijo legitimo de don Juan Méndez y de su mujer doña Manuela Díaz de Neira.
Curso sus estudios en Mondoñedo, donde también se ordenó sacerdote. En 1788 lo nombraron párroco de Santa Eulalia de Ladrido, feligresía próxima a Santa María de Ortigueira, en la provincia de la Coruña, a donde pasó en 1780 y en donde residió ya hasta su muerte, acaecida el 3 de Julio de 1803.
Su actividad durante estos años debió ser inmensa, además de variada: hizo planos, pinturas, orfebrería religiosa, muebles, cajas de relojes doradas o pintadas y toda la obra artística de su parroquia y casa rectoral, en la que sería inhumado, sirviéndole de panteón.
Su manufactura relojera tuvo que ser muy conocida en los contornos. Hizo un reloj para el Monasterio de Sobrado de los Monjes, y otro para el rey Carlos IV.


Sabemos que la factoría tenía dos hornos de fundición, que fueron desmontados en 1860, y un taller de ajustes y montajes deshecho en 1887 para reformar la rectoral.

Tal fué su producción relojera que es lógico comprende que no las pudo realizar solo y menos si a su vez debía de atender a las obligaciones espirituales de su feligresía. En efecto, trabajaron con él su sobrino y ahijado, F. Javier Vélez, que quedó como heredero y continuador de su obra y un oficial llamado José Rouco y Albelo, y de los que por su importancia hablaremos en otros cuadernos de relojería.
Incluimos unas fotografías de algunos de los relojes fabricados por el cura relojero en los que como ya habíamos descrito anteriormente también hizo las cajas y esferas así como las campanas, agujas, péndulos, pesas y todo como se puede apreciar ejecutado con gran maestría y belleza.
En el próximo cuaderno de relojería hablaremos de Juanelo Turriano relojero del emperador Carlos V.